Una lámpara sin enchufe




22 de febrero de 2008.- Qué gusto da leer las reacciones al anuncio de Microsoft. Durante unas horas, ayer, pensaba que alguien iba a tragarse realmente eso de que la compañía, ahora, va a abrirse como una flor y a transmitir buen rollo por todo el planeta. No es la primera vez que Microsoft hace un anuncio de estas características (me alegra ver que en Europa llevan la cuenta y que saben que ya van cuatro) y me temo que no será la última. Mover un gigante de esta talla no es fácil y la buena voluntad no es suficiente. Hay que predicar con el ejemplo. Hace medio año esta compañía se enredaba en enredar la normativa de estándares para aprobar OOXML. De la noche a la mañana no van a cambiar toda su filosofía.
Pero el cambio tiene su lógica, especialmente para una nueva Microsoft que ahora cree en los servicios y la publicidad y no en vender cajas de software. El problema es que sus beneficios siguen viniendo de ahí, de Windows y Office, y que esos programas se venden y triunfan gracias a una estructura que es de todo menos abierta. Esperemos que de este anuncio salga algo mejor.
Microsoft es una compañía fácil de odiar y de amar al mismo tiempo. Es increiblemente polifacética y tiene grandes cerebros en su interior, capaces de crear herramientas sorprendentes. También tiene un lado oscuro, una habilidad especial para despertar desconfianza y una gran ambición por controlar todo lo que esté relacionado con su software.
En fin, que por hoy vale de Microsoft. Vamos con gadgets, con uno muy verde. Concretamente con una lámpara que funciona por gravedad. Gravia es una lámpara de salón poco convencional que no hace falta enchufar a la pared. Para encenderla sólo hay que subir un peso desde la base hasta la parte alta de la lámpara. El peso comenzara a caer lentamente -un mecanismo similar al de los relojes de pared-, alimentando una colección de diodos LED que pueden brillar durante cuatro horas antes de tener que volver a levantar el peso.
La luz que genera no es demasiada -equivalente a una bombilla de 40 vatios- pero la vida útil de la lámpara es de 200 años si se usa una media de ocho horas al día. Es lo que tardan los LED en "fundirse".








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